Embarazosas situaciones, viejos amigos

octubre 25, 2007

La otra tarde estábamos little John y yo paseando por Alcantarilla. El iba con su patinete y yo iba empujándolo. Nos dirigíamos al mini parque que hay cerca del centro de Salud de la zona de Samaniego, esa zona que está tan chula y en la que últimamente han proliferado los duplex como hongos. Por allí se pasea muy bien. Las aceras son anchas y largas con lo que puedes ir a unos metros del enano y despreocuparte un poco.

Decía que nos dirigiamos hacia allí (aun no habíamos llegado, estábamos atravesando una calle con una acera muy estrecha) y me llamaron al móvil. Lo abro y veo que es una amiga mía que hace bastante tiempo que no veía. El caso es que no contesté. No cogí el teléfono porque estaba bastante liado con little John, procurando que se moviera y, a la vez, no ocupara la carretera. Bueno, en esto el teléfono dejó de sonar y me olvidé.

A los treinta segundos de seguir andando hacia mi objetivo final, aparece el sujeto llamante (vamos, mi amiga) y me doy de bruces con ella. Fue muy extraño porque empezamos a hablar y ni yo le dije que no había cogido el móvil porque estaba liado ni ella me dijo que me había llamado. En esas que estamos hablando y suena un pitido que sale de mi chaqueta. Era el móvil anunciando que tenía una llamada perdida. La tensión se mascaba en el ambiente. Ahora ella sabía perfectamente que yo lleva el móvil encima y que no le había contestado. ¿Por qué no me había excusado? Seguramente -ella pensaría- yo no había querido cogerlo porque no me apetecía hablar con ella (nada más lejos de la realidad). Aun más, ella sabía que yo sabía que ella lo sabía.

La conversación se interrumpió y nos despedimos, sin comentar nada. Fue hilarante.

Un beso muy fuerte para mi amiga. Seguramente habrá leído esto.

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2 Responses to “Embarazosas situaciones, viejos amigos”

  1. cartasdesdemadrid Says:

    Curiosa coincidencia. Hace poco sufrí un percance parecido, pero con agravantes, y me explico.
    Me encontraba luchando con mi hija para que se despertara de la siesta, cuando me sono el móvil. Tenía las dos manos ocupadas para salvar mi integridad, y aunque pude ver quien me llamaba, solo existía una solución, colgar.
    Luego le llamaré- pense para mí mismo- querrá charlar un rato.
    El combate se prolongó más de lo esperado, y con la satisfación de la victoria conseguida, me dispuse a recoger mi premio, una cervecita helada, olvidando por completo la llamada recibida.
    Al día siguiente, comunicándome con el no corespondido por e-mail, me recriminó que no le había llamado el día anterior por su cumpleaños.
    ¡ Hostias!, por eso me llamó- exclamé- para que no me olvidara de su cumpleaños.
    Después de disculparme, y de prometerle una comida en Madrid como compensación, yo no quise comentar nada acerca de la llamada no correspondida, menos mal que el dueño de blog tampoco mencionó que me había llamado para ver si me acordaba de que era su cumpleaños.
    Moraleja:” El año que viene si te cuelgo la llamada, quiere decir que te estoy felicitando”

  2. juanito blogger Says:

    Ja, ja, ja. Debo ser la única persona que el día de su cumpleaños se dedica a molestar a los amigos para decirles “eh!, es mi cumpleaños, ¿es que no te acuerdas?”. En todo caso, ya había olvidado lo de la comida en Madrid. Gracias por recordarmelo.


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